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HISTORIA DE EGIPTO

IMPERIO NUEVO

El Imperio nuevo comienza hacia el 1.552 A.C., con el reinado de Ahmose I, fundador de la XVIII dinastía, tras reunificar Egipto y expulsar a los hicsos de sus territorios. Con esta expulsión también logró la centralización del poder, frente a la estructura feudal que habían implantado éstos. A continuación restauró el dominio sobre Nubia y aplastó dos sublevaciones más de los hicsos que quedaban en el territorio egipcio. Su expansionismo por Asia se produjo en principio para prevenir nuevas invasiones, y ésto le favoreció al aumentar la actividad comercial con estas zonas. Con la conquista de fenicia, se aseguraba una posición estratégica para posibles campañas posteriores.
Respecto al ejército, se aseguró de su fidelidad cediéndoles la propiedad de algunas tierras. En el aspecto religioso, comenzó a aumentar el poder del clero de Amon, por lo que Ahmose I promovió el culto a Osiris. Fue enterrado en Tebas, en la necrópolis de Abu´l-Naga.

Le sucedió su hijo Amenhotep I, cuya madre, Ahmosis-Nefertari, fue la regente durante unos años debido a su minoría de edad. Su política exterior se ocupó sobre todo de Nubia, realizando algunas campañas, y nombrando un virrey que controlara el territorio.
Uno de los cambios que introdujo este rey fue la separación entre tumbas y templos, que hasta este período estaban unificadas.

Amenofis I no dejó otro hijo legítimo que una hija, Ahmes. Según las reglas de la sucesión real, a falta de un hijo, la corona debía pasar al esposo de la hija mayor del Rey. Éste le dió por esposa a Ahmes a un hijo nacido de una concubina (Thutmose I). Su política fue encaminada a la expansión sobre Nubia y Asia, llegando casi hasta la cuarta catarata. Su tumba está en Tebas, en Biban el-Moluk.

A su muerte, Thutmose I dejó como como hijos legítimos a dos hijas suyas, una de ellas, la princesa Hatshepsut, se había casado en vida de su padre con un hijo de una concubina y que sucedió a su padre como Thutmose II. Tras 15 años de reinado Thutmose II, al principio del cual tuvo que aplastar una rebelión en Nubia, moría dejando dos hijas legítimas y al hijo de una concubina que vivía en el templo de Amón educándose para sacerdote. Cuando éste era niño aún, antes de la muerte del rey y en el transcurso de una procesión, el dios Amón se acercó al joven príncipe y lo designó como heredero del trono. Por ello fue reconocido como rey con el nombre de Thutmose III, se casó con una de las hijas del rey, pero como no era mayor de edad, se nombró regente a su tía Hatshepsut.

Ésta, aprovechando la minoría de edad de su corregente, se proclamó faraón y su reinado duró 18 años. En primer lugar restauró todos los monumentos destruidos por los hicsos durante su dominación, y se hizo construir un templo, a lo cual se pudo dedicar gracias a la escasez de problemas militares durante esta época. Fomentó las relaciones comerciales con Nubia y Punt, por lo que su reinado puede considerarse fructífero y pacífico. El clero de Amon la apoyó en todo momento, sobre todo, para aumentar su poder e influencias. Aceptó a Thutmose III como corregente, aunque siempre en un segundo plano. A su muerte, éste fue el faraón que la sucedió.

 

©Hatshepsut en el templo de Deir El Bahari

 

La primera intervención de Thutmose III fue en Palestina, por cuanto Kadesh había organizado una rebelión con príncipes locales, que situaron sus fuerzas en Megiddo, manifestándose como mejor estratega y saliendo victorioso del encuentro. Durante varios lustros efectuó campañas anuales en Asia, para asegurarse las fronteras del reino, llegando a enfrentarse con el imperio de Mitanni desde 1.457.

Hasta entonces, Thutmose III, continuando la labor de su padre reorganizó el ejército, haciendo casi hereditaria la especialidad militar. Instituyó un sistema de ascensos por escalafón, especializó la logística y, en general, prestigió las armas, lo que le permitió obtener levas con gran facilidad. Estableció arsenales centralizados y reformó considerablemente la flota de guerra, lo que le permitió sujetar a Chipre en vasallaje.

Sus campañas por el Orontes, aunque no pusieron fin al dominio de Mitanni, si permitieron a Egipto fijar su poder en la zona, aunque debiendo sufrir constantes rebeliones de sus habitantes.

La personalidad de Thutmose III despierta gran interés, presentándose como un rey enérgico e infatigable, buen político y hábil militar. Por ello se le conoce en la actualidad como el "Napoleón Egipcio".

Le sucedió su hijo Amenhotep II. Continuó con las operaciones militares contra Mitanni, aunque contando con el apoyo de otros príncipes y reyes asiáticos. Durante su reinado, logró la paz con Mitanni, llegando incluso a ser aliados, ya que temían que un rey hitita Tudhaliya III, aprovechara la ocupación de ambos ejércitos para su política expansionista.

Su hijo Thutmose IV continuó con esta política de paz y buenas relaciones, llegando incluso a casarse con la hija del rey de Mitanni, Mutemuia, para sellar la alianza. Esta alianza fue histórica, ya que era la primera vez en la historia que las dos máximas potencias mundiales se aliaban, garantizando la paz y el equilibrio.

Amenhotep III no fue un faraón militar. Se dedicó a narrar episodios de su vida en escarabeos gigantes, como sus matrimonios, cacerías o construcciones, y a construir templos y monumentos, con la ayuda de su arquitecto Amenhotep. Consiguió mantener la paz, la sociedad egipcia evolucionó considerablemente, el poder estaba en su momento cumbre y existía gran prosperidad económica. Fue un gran diplomático, conservándose sus cartas en 400 tablillas de arcilla, conocidas como las Cartas de Amarna. Fue probablemente, el faraón más poderoso de la historia de Egipto.

Le sucedió su hijo Amenhotep IV, que más tarde cambió su nombre por Akenaton, iniciando la llamada época de El-Amarna. Amenhotep representaba la lucha entre el estado y el clero, ya que los sacerdotes de Amon estaban adquiriendo un poder e influencia desmesurado. El rey elevó a Aton, el disco solar, como único dios, cambió su nombre por el de Ajenaton, y añadió al de su mujer Nefertiti el prenombre de Neferneruaton. Rompió definitivamente con el clero de Amon en Tebas, cerrando templos, destruyendo los restos de la religión politeista y confiscando las riquezas de los mismos, y estableció su capital en El Amarna, llamándola Ajetaton. Nefertiti lo acompañó durante esta reforma, aunque cuando el rey se trasladó a Tebas, ella permaneció en Tel El Amarna, por motivos desconocidos.
El arte dejó de ser algo ritual, y las representaciones artísticas eran más humanas. Esto también se dejó traslucir en la literatura.
En definitiva, la época de Amarna fue un cambio radical en política, religión, arte y cultura, que merece un capítulo aparte dentro de la historia del Antiguo Egipto.

 

©Ajenaton. Museo Egipcio de El Cairo

 

Durante tres años, tras la muerte de Aeenaton, reinó el marido de su hija Meritaton, Semenejkara. La otra hija, Anjesenpaaton se casó con su hermano Tutanjamon, tras el ascenso de éste al trono.

Tutanjamon comenzó a reinar con unos 12 años. Durante los primeros años, continuó con la religión y la política de su padre, aunque pronto llegó a un arreglo con el clero de Amon y se trasladó a Tebas, volviendo al culto tradicional. Se conoce poco de su reinado, pero su tumba es la única que ha sido descubierta intacta, con un tesoro de valor incalculable. A los 19 años murió en extrañas circunstancias. Al morir sin descendencia, su sucesor fue su cuñado Ay.

El último rey de esta dinastía fue Horemhab, un funcionario de Tutanjamon, cuya esposa estaba vinculada a la realeza. Una vez e el trono, se dedicó a establecer la paz, orenar la justicia y restaurar monumentos. Su tumba está en Biban el-Moluk.

La XIX dinastía comienza con el reinado de Ramsés I. De su reinado apenas tenemos datos, salvo que duró dos años debido a su avanzada edad.

Le sucedió su hijo Sethy I. Comenzó su reinado enfrentándose a sirios, libios, y otros pueblos asiáticos, logrando grandes victorias. Comenzó la construcción del templo de Abu Simbel y la ciudad de Amara. Durante su reinado, Egipto volvió a convertirse en una gran potencia.

Ramsés II ascendió al trono al mismo tiempo que Muwatali, el rey hitita. Ambos reyes preparaban la guerra por el control de Siria y Fenicia. En la batalla de Qadesh Ramsés cayó en una trampa hitita, pero se salvaron él y su ejército, tal y como se relata en el Poema de Pentaur. No se sabe con seguridad el desenlace final de la guerra, ya que ambos se atribuían la victoria, pero los dos desistieron de continuar la guerra. Los hititas, tras la muerte prematura de Muwatalli, firmaron un tratado de paz con los egipcios con el fin de mantener la paz y el equilibrio. Su esposa Nefertari tuvo mucho que ver en la firma de este tratado, participando en la correspondencia diplomática.
Su política interior no representó muchos cambios respecto a sus predecesores. Aunque sí su afan constructor que, unido al largo reinado del mismo, fue muy fructífero, dejándonos numerosas construcciones colosales.

 

©Coloso de Ramsés II en Abu Simbel

 

Su sucesor fue su hijo Merenptah. Que heredó la calma con los pueblos hititas, pero tuvo que hacer frente a una inmigración libia que se convirtió en una verdadera invasión. Le sucedieron Amenmeses, Sethy II, Siptah y la reina Tausert, todos ellos en sólo 20 años, sin que haya acontecimientos dignos de destacar en este período.

La última dinastía del Imperio Nuevo es la XX, también llamada Ramésida, debido al nombre de Ramsés adoptado por la gran mayoría de sus faraones. Su fundador fue Setnajt, que aprovechó la situación caótica que dejó el final de la dinastía XIX para acceder al trono.
Le sucedieron nueve faraones con el nombre de Ramses, en poco más de un siglo. Durante este período, se va debilitando el poder de Egipto, con una serie de conflictos internos en la dinastía que nos hacen darnos cuenta de la crisis por la que pasaba el país. Es el final del imperio nuevo, que dará paso a un tercer período intermedio, caracterizado por escasez de alimentos y revueltas sociales, que llevarán al final del Imperio Egipcio.

 

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