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LA ÉPOCA DE AMARNA

ARTE EN EL PERÍODO AMARNA

 

Ajenatón supuso una revolución. Fue un profundo cambio social y religioso que quedó patente en el arte.

Pero el cambio había empezado a notarse ya desde su antecesor Amenhotep III, que supuso una ruptura con el arte tutmésida.

La transformación comenzó en Tebas. Empezó como una variación de los bustos del rey, continuando con la representación de la figura humana en general, dejándose notar en las formas y poses de las mismas, más suaves y relajadas. Durante esta época ya se empiezan a utilizar representaciones de la naturaleza en las construcciones.

Se observa un importante desarrollo de la pintura, con representaciones menos rígidas, llenas de curvas, hechas a base de pinceladas más pequeñas para mostrar texturas, y se empieza a utilizar el sombreado para realzar el volumen.

Ya en la corte de Amenhotep IV, y tras establecer el culto a Atón, prohibiendo el resto de dioses, y la nueva capital en Amarna, se notó un profundo cambio en el arte religioso. Ya no se podían tallar esculturas ni relieves de imágenes religiosas, y en las pinturas y relieves existentes, el único dios que se podía representar era Atón, con sus rayos en forma de brazos terminados en pequeñas manos, para proteger a la familia real.

 

© Estela de Ajenatón y Nefertiti. Museo de El Cairo

 

Se trata de un arte reflexivo y naturalista, en el que se intenta representar la realidad tal y como es, incluso llegando a exagerar los rasgos físicos, fueran bellos o deformes. "El arte entra en la vida espiritual de los personajes" según Francisco Presedo.

Por otro lado, Ajenatón ya se había establecido en Amarna, en el año 6 de su reinado, en un territorio que nunca antes había sido habitado. El terreno estaba delimitado por 14 estelas fronterizas con proclamaciones sobre la fundación de la ciudad o sobre aspectos que concernían a la familia real…

Cabe resaltar la evolución de la figura de Nefertiti a lo largo de las estelas. En las primeras es mucho más pequeña que el rey, y en las últimas ya es del mismo tamaño.

Respecto a la arquitectura, destacan los grandes espacios, tanto en casas y palacios, como en templos. En Ajetaton no existían problemas de espacio.

Los templos no debían ser lugares oscuros y cerrados, inaccesibles como los templos de Amón, reservados a los sacerdotes y al rey, sino estructuras abiertas, amplias y luminosas. Carecían de techos, para que fuesen accesibles al dios solar Atón. Todas las salas son abiertas, incluyendo el altar del dios.

Claro ejemplo es el Per-Atón o Gran Templo de Atón, en Amarna. Hay una observación curiosa, y es que la ciudad de Ajetaton parece haber sido construida como un gran templo solar, más que como ciudad. Si observamos (según Nicholas Reeves) las estelas fronterizas que la delimitan, y las unimos mediante líneas en el plano, tendremos la misma forma que el Per-Atón, pero a gran escala.

La decoración en templos y palacios va más allá de la grandiosidad y el tamaño, que habían caracterizado hasta ahora a la arquitectura egipcia.

Lo más característico es el uso de formas de la naturaleza, con adornos vegetales en las columnas, especialmente palmiformes. Había una rica variedad de columnas.

No era tan importante como en épocas anteriores la supervivencia de los edificios para la eternidad, por lo que se utilizaba madera y adobe en construcción , lo que no significa que abandonaran la piedra.

En el Palacio Real se encontraron preciosos azulejos vidriados, incrustados en las paredes y suelos pintados con escenas de pájaros y plantas, característica de este preríodo. También han apareceido azulejos de fayenza en las casas más lujosas.

 

©Suelo procedente de Amarna. Museo de El Cairo.

 

Otro templo digno de destacar es el Gem-Pa-Atón, situado al este del muro externo de Karnak. Estaba construido de pequeños bloques de caliza, y rodeado de un patio descubierto. Actualmente está destruido, aunque sobreviven fragmentos, sobre todo de algunas de las 28 estatuas colosales de Ajenatón.

En general, todas las construcciones, ya fueran palacios, tumbas o templos, estaban decoradas con relieves o pinturas. Se representaba al faraón con su familia (esposa y 6 hijas), adorando a Atón. Se trataba de escenas tiernas y realistas que acercaban al faraón al pueblo.

En muchos casos se utilizaba el "relieve en hueco". Es muy común, además, la representación de árboles, animales, agua… Destacan los relieves de la tumba de Horemhab.

Tanto en los relieves como en las pinturas, se dan unas características que difieren del arte en períodos anteriores, como son:

  • Representación de la lateralidad: ambas manos y pies, diferenciando derecha e izquierda.

  • Representación completa de los personajes que están en primer plano, y sólo los contornos de los que están detrás, para dar sensación de perspectiva.

  • Sensación de movimiento en las figuras por representación de detalles aparentemente movidos por el viento.

 

Estela de Nefertiti con dos de sus hijas

 

Un tipo de relieve característico de la época de Amarna son los talatats, bloques de piedra de 54 x 20 x 20 cm, que servían para tallar retratos del rey y de la reina.

 

Talatat de Nefertiti

 

Respecto a las esculturas, lo que predomina es la escultura aúlica, es decir, estatuaria real. Se anulan las esculturas que representan dioses, y se representa a la familia real, de forma cálida y natural, aunque con características muy diferentes a períodos anteriores.

En un primero momento, el escultor Bak, siguiendo las directrices del propio rey, representaba los rasgos muy exagerados, con rostros alargados, labios carnosos y ojos en diagonal. Los cuerpos redondeados, con anchas caderas y vientres abultados marcando mucho el ombligo. Estas características se aplicaban tanto a hombres como a mujeres.

Prueba de ello son los colosos de Ajenatón en Karnak, 28 estatuas en el templo de Atón, de los que solo quedan algunos restos.

 

© Fragmento de Coloso de Ajenatón. Mueo de El Cairo.

 

En un segundo momento del período amárnico, se suavizan considerablemente estas características.

El principal representante de esta época es el escultor Thutmose, autor de varias cabezas de yeso, el busto de Meritatón y, especialmente, el busto de Nefertiti, entre otras.

Por último se observa un avance en las artes decorativas, destacando piezas de cerámica pintada, el vidrio coloreado, la joyería y el trabajo en madera.

Tras el reinado de Ajenatón, el arte, al igual que la política y la forma de vida, volvió a los cánones "ortodoxos" anteriores.

 

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