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LA ÉPOCA DE AMARNA

AJET-ATON, HORIZONTE DE ATON

 

A pesar del empeño por borrar de la historia todo lo referente a Akenaton y su época, y aniquilar gran parte de su obra, ha logrado sobrevivir al tiempo y a la destrucción "Aket-Aton" la ciudad del Horizonte de Atón.

 

Entre el año 4 y el 6 de su reinado, Akenaton decidió cambiar la capital del reino a un nuevo emplazamiento al que no llegaran las influencias de los sacerdotes de Amón.

 

©Busto de Akenatón. Museo de El Cairo.

 

Debía ser una tierra virgen, y eligió para ello un lugar en la frontera del Egipto Medio, cerca de los acantilados del Este del Nilo. Era un área muy amplia, formada por una gran extensión de terreno fértil en la zona Oeste, y una llanura desértica en la zona Este, donde se construirían los edificios de la ciudad, abarcando una zona de unos 13 x 16 kilómetros.

 

Aketaton fue construida en el punto Medio entre Tebas y Menfis, las dos capitales más importantes de Egipto.

 

Este lugar exacto fue elegido por el rey debido a su semejanza con el jeroglífico "Ajet", horizonte, que representa dos montañas entre las cuales sale el Sol. De ahí el nombre de la ciudad, Aketaton, el Horizonte de Atón.

 

En esta capital se centralizó la religión, el poder, la economía… lo cual iba poco a poco deteriorando diversos aspectos del país.

 

En ella vivieron entre veinte mil y cincuenta mil habitantes, entre los que apenas había discriminaciones sociales.


Todos los hombres eran iguales y libres. Las distintas clases sociales se agrupaban en los mismos barrios y no existía la esclavitud, al igual que en el resto de Egipto.

 

Sobre las colinas que rodeaban la ciudad, se han encontrado estelas fronterizas, esculpidas en la roca, en las que se registran proyectos y acciones del rey y la importancia de Atón.

 

En la actualidad hay quince estelas registradas, un primer grupo, construidas en el año 5 de su reinado (Estelas M,X,K), y un segundo grupo, erigidas en el año 6 de su reinado (Estelas J,L,N,P,Q,R,S,U,V en el Este, y A,B,F en el Oeste).

 

La primera de las estelas descubierta en la orilla Oeste (Estela A) fue encontrada por Sicard en 1.714. La primera descubierta en la orilla Este (Estela U), fue encontrada por Harris en 1.814.

 

Algunas de estas estelas están muy bien conservadas, lo que nos da bastante luz sobre cómo se desarrollarían los acontecimientos en esa época.

 

En la 1ª Estela fronteriza, encontramos un texto sobre el proyecto de Akenaton, del que insertamos un fragmento:

 

"En Aketatón, en este lugar, construiré la Casa de Atón, para el Atón, mi padre…
…y en Aketatón, e este lugar, construiré para mí mismo la residencia del faraón…"

 

En otra de las estelas, el faraón escribe su última voluntad:

 

"Si dentro de muchos años muriese en alguna ciudad del norte, el sur, el oeste, o el este, me traerán y se hará mi enterramiento en Aketatón"

 

Estas Estelas reproducen el Gran Templo de Atón, y tienen como foco de unión las líneas imaginarias que llevan hasta la tumba del rey. Dicha tumba representaba el lugar del renacimiento de Atón.

 

©Estela de Aketatón. Museo de El Cairo.

 

Respecto a la edificación de la ciudad, estaba casi entera construida de adobe, usándose la piedra sólo en contadas ocasiones. Era una ciudad muy rica, con numerosos pozos de agua, jardines y tierras de cultivo por todas partes, Esta riqueza se debía a la desviación del dinero de los templos de Amón a Aketatón.

 

No había evidencias de que existiera ningún proyecto para la construcción de la ciudad, sino que ésta se fue construyendo tomando como centro el Templo de Atón.
La ciudad estaba atravesada por una gran avenida, llamada el "Camino Real", que unía el Norte y el Centro de la ciudad.

 

La Ciudad Norte empezaba en el Palacio de la Rivera Norte, rodeado de una gran muralla, probablemente para la protección de un rey que contaba con numerosos enemigos. Muy cerca se alzaban las casas de los cortesanos más allegados al rey. Eran casas muy grandes, con numerosas dependencias, jardines, almacenes y servidumbre remunerada.

 

©Fragmento de suelo de palacio de Amarna. Museo de El Cairo.

 

Cerca de allí se encontraban grandes edificios administrativos. Recordemos que Akenatón se llevó a la ciudad, no sólo el centro religioso, sino también el político y la administración.

 

Avanzando hacia el Sur por el Camino Real, no s encontramos el Palacio del Norte, posiblemente dedicado a Merit-Atón, hija y esposa de Akenatón.

 

Estaba decorado muy ricamente, con escenas de la naturaleza. En su interior vivían numerosas especies animales. Sería probablemente el que albergaría el jardín botánico y lo que se puede considerar el primer Museo Natural de la historia, según Pirennes.

 

A continuación, justo antes de entrar en el centro, se encontraba el barrio Norte, donde vivía el grueso de la población. Aunque hay que destacar que, aunque las casas variaban en tamaño, y ornamentación, no se hacían distinciones sociales entre sus habitantes.

 

En este barrio se encontró el taller de Thutmés, el escultor del famoso Busto de Nefertiti.

 

©Busto inacabado de Nefertiti. Museo de El Cairo.

 

Al final del Camino Real se encontraba el Barrio Central o Ciudad Central.
Como edificio principal destacaba el Gran Templo de Atón, orientado de Oeste a Este. Su parte central estaba al aire libre, pudiendo encontrar una construcción de piedra llamada "Per Hai", la Casa de la Alegría, y un conjunto de patios que formaban el "Guem Atón" , o Atón ha sido hallado. Había allí una sala con 365 altares de piedra, para las ofrendas de cada día del año. Dentro del recinto del Templo existía también una piedra Ben Ben, a imitación de la del Templo de Heliópolis.

 

El otro edificio principal, en el centro de la ciudad, es el Gran Palacio, que consta de una serie de patios y salas hipóstilas, formando los Departamentos Estatales, los alojamientos de la servidumbre y la Sala de la Coronación. Todo ello construido en piedra de diferentes clases y alabastros, y barro pintado al estilo del arte amárnico. En él recibía mensajeros y embajadores.

 

Estaba comunicado a través de un puente, con la Casa del Faraón, residencia privada del rey. En este edificio se encontraba el Balcón de las Apariciones, desde donde Akenaton hacía regalos a sus funcionarios o a los nuevos adeptos a Atón.

 

En Gran Templo de Atón y el Gran Palacio, se comunicaban a través de la Vía Real.

 

Siguiendo hacia el Sur, se encontraba el Pequeño Templo de Atón o Residencia de Atón. Este era el lugar donde el rey llevaba a cabo su culto a Atón, así como sus familiares y algunos amigos más íntimos. Tras el patio y los pilonos, había un santuario de piedra como el del Gran Templo.

 

Ya fuera del Camino Real, a través del cual se realizaban diariamente procesiones del Rey, su familia y allegados en su brillante carro de electrum para bendecir al pueblo, encontramos el Barrio Sur, donde vivían los ciudadanos bien situados.

 

En el límite de la ciudad, al Sur, encontramos el Maru-Atón, una estructura de dos patios con estanques rituales, así como estancias y santuarios de ofrendas, rodeados de hermosos jardines.

 

El Templo Sur, ya fuera de la ciudad, estaba situado junto a Kom El-Nana. Estaba construido en piedra, rodeado de jardines.


En una barriada aparte, al este de la ciudad, se agrupaban los constructores de la ciudad y de las necrópolis.

 

La necrópolis estaba excavada en la roca, agrupadas las tumbas en las colinas norte y sur que rodeaban la ciudad. La tumba real estaba excavada en el Valle de Darb-El Melek.

 

El nombre de la ciudad de Aketaton, el Horizonte de Atón, puede dar lugar a pensar que no era considerada una ciudad en sí, sino un gran Templo de Atón.
Tras el reinado de Akenaton, sería restablecido el culto a Amón, y abandonada y destruida la "Ciudad maldita".

 

Durante siglos permaneció oculta, cubiertos sus restos por la arena del desierto, hasta que, a principios del siglo XVIII se descubrió la primera de sus estelas.
Pero no fue hasta final del siglo, cuando empezaron a descubrirse restos de la ciudad, por parte de la expedición de Napoleón Bonaparte.

 

A principios del siglo XIX, Wilkinson hizo un estudio de la iconografía que se conservaba entre los relieves de sus ruinas, observando que era completamente distinta a todo lo aparecido hasta ahora.

 

Posteriormente, Lepsius continuó las excavaciones, descubriendo que la ciudad había sido destruida para borrar cualquier resto de Akenatón.

 

A finales de siglo, Howard Carter realizó una serie de dibujos sobre la ciudad, mientras Petrie continuaba con las excavaciones, delimitando las distintas zonas de la ciudad.

 

A principios del siglo XX, N.G. Davies realizó un estudio de las tumbas de Aketaton, hoy llamada Tel El Amarna.

 

En 1.912, Brochard descubrió el taller de Thutmés, entre las ruinas de la ciudad, contando entre sus restos con el busto de Nefertiti.

 

Durante el siglo XX han avanzado muy lentamente las excavaciones.

 

Actualmente, la Egypt Explorations Society, dirigida por Barry Kemp; Nicholas Reeves, Geoffrey Martin y el Proyecto de Tumbas Reales de Amarna, continúan sus investigaciones para dar luz a una parte de la historia tan importante como enigmática: La Época Amarna.

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